“Dime como hueles y te diré quien eres…”

Se define al olfato como la “sagacidad para descubrir o entender lo que está disimulado o encubierto”. El olfato es el único de los sentidos que cuenta con una conexión directa con el sistema límbicoEsto significa que la conexión entre lo que percibimos  y el cerebro es inmediata y sin filtros previos: el olfato está conectado directamente con la amígdala (cuyo papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales) y con el hipocampo (del que depende, en gran medida, la capacidad para retener y evocar recuerdos episódicos). De ahi su importancia en la creación y modificación de los estados anímicos..

EL SENTIDO DEL OLFATO Y LAS EMOCIONES ASOCIADAS A LA MEMORIA

Desde el punto de vista químico, el olor es una sensación, una noción de estímulo y percepción producida en el olfato por la interacción de una sustancia orgánica con los receptores olfativos de los seres vivientes. Dicha interacción depende en gran medida de la volatilidad de la sustancia, ya que es necesario que las moléculas de la sustancia olorosa pasen a una fase gaseosa para que puedan llegar a la nariz y así ser percibidos; de igual forma, se requiere que puedan atravesar las membranas de las células epiteliales de la nariz y llegar a los receptores que enviarán la señal al cerebro, indicando la sensación del olor. En la parte superior de las fosas nasales hay dos grupos de células, que actúan como receptores de olores, cada uno con millones de células provistas de pequeñas protuberancias, similares a cabellos, ondeando en un mar de moco. Estas células, llamadas cilios, son muy sensibles. Una sola molécula de algunas sustancias basta para excitarlas y que envíen impulsos al cerebro. Hay como mínimo catorce tipos de células receptoras de olores, cada uno estimulado por un tipo de molécula olfativa. Esto permite que el cerebro no sólo perciba que una sustancia olorosa ha entrado en la nariz, sino que además sepa de cuál se trata.

El ser humano puede distinguir más de diez mil olores complejos. Es sorprendente que por lo general no se dé una aplicación muy significativa a esta habilidad. Algunos investigadores creen que los olores tienen una importante y oculta función en las relaciones interpersonales y crean lazos inconscientes. Mediante experimentos se ha demostrado que los bebés pueden distinguir a su madre por el olfato a los seis días de nacidos.

EL OLFATO EN EL REINO ANIMAL Y SOCIAL

Es innegable que somos una sociedad desodorizada y parece ser que cada año, los agentes de propaganda descubren un nuevo olor del cual nos quieren librar. Vivimos temerosos del mal aliento, del olor corporal, de los olores en el hogar, de los olores genitales -a pesar de que es bien sabido que cualquier animal que se respete sabe que este tipo de olor es agradable y resulta favorable a las relaciones sexuales-. También parece existir una definida tendencia a reemplazar los olores naturales por otros elaborados por el hombre, es decir perfumes, lociones para después de afeitarse y otras cosas semejantes. Es notable el empeño que muestran las personas en librarse de sus propios olores biológicos y desodorizar hasta el último rincón de su cuerpo, para volver a untarse luego con un perfume elaborado con la almizclada fragancia sexual de algún otro mamífero más sabio. Los olores extraños han sido siempre más difíciles de tolerar y los humanos resultan muy sensitivos frente a ellos.

No todas las culturas son tan reacias al olor natural. Los árabes, según dice Edward Hall en su libro The Hidwen Dimensión, aparentemente reconocen que existe una relación entre la disposición personal y el olor. Los intermediarios que conciertan un casamiento árabe normalmente toman grandes precauciones para asegurar un buen encuentro. Frecuentemente, piden olisquear a la presunta candidata y si no se acerca a las expectativas, la rechazan, no tanto en base a una cuestión estética, sino porque hallan en ella un olor residual debido al enojo o el descontento. Más aun, continúa Hall, para los árabes los olores son una forma de verse comprometido a otra persona. Oler a un amigo no sólo es apropiado sino aconsejable, puesto que negarle el aliento, sería actuar como si se tuviera vergüenza.

En Balí, cuando los amantes se saludan, respiran profundamente en una especie de “olfateada amistosa”. Entre los componentes de la tribu Kanum-irebe en Nueva Guinea del Sur, cuando dos buenos amigos se separan, el que se queda, algunas veces toca al amigo que se va en la axila, para tomar aire del olor de él y frotárselo a sí mismo.

El sentido del olfato tiene una enorme importancia entre la mayoría de los animales. Les indica la presencia de enemigos y los excita ante la presencia de ejemplares del sexo opuesto. Sirve para delinear el territorio de cada uno, les permite seguir al rebaño si se han perdido, e identificar el estado emocional de otras criaturas. El sentido del olfato incluso funciona eficientemente en el mar. Se dice que es lo que guía al salmón cuando va a desovar. Los perros son capaces de detectar el temor, el odio o la amistad del hombre y que también pueden seguir el rastro de una persona si se les proporciona el olor de ésta mediante una prenda que le pertenezca, lo que indica que cada ser humano posee una especie de huella dactilar olfativa.

El humano no tiene el sentido del olfato tan desarrollado como otros animales; como era una criatura acostumbrada a trepar a los árboles, aprendió a confiar en sus ojos más que en su nariz. Hall sugiere que esta aparente deficiencia puede ser una ventaja: puede haber proporcionado al hombre la capacidad de soportar aglomeraciones. Si los seres humanos tuvieran el olfato tan sensible como las ratas, estarían permanentemente sujetos al conjunto de variaciones emocionales de las personas que los rodean. La identidad de cualquiera que visita una casa y las connotaciones emocionales de todo lo que en ella ocurre, serían conocidas públicamente mientras persistiera el olor. Podríamos oler el disgusto de las otras personas. Tal vez la vida sería mucho más intensa y complicada. Tendríamos menos control consciente, puesto que los centros olfativos del cerebro son más antiguos y más primitivos que los de la vista.

La capacidad olfativa varía no solamente entre individuos sino también entre sexos. Hay ciertos olores almizclados que las mujeres pueden captar mientras que los hombres y las niñas pre-adolescentes no lo hacen. La capacidad olfativa de la mujer varía durante su ciclo menstrual y alcanza su máxima aptitud en la mitad del mismo, cuando su nivel de estrógeno se eleva coincidiendo con el momento de la ovulación. Más aun, algunos científicos que estudian el sentido del olfato han sugerido que es posible emplear como índice el ciclo olfativo de la mujer como una sencilla medida de control de la natalidad para determinar el momento de la ovulación.

Los olores tienen una capacidad casi legendaria de despertar recuerdos. Además, la frivolidad, el sexo y los perfumes parecen marchar de la mano. La prueba más concluyente de esta afirmación que podemos presentar consiste en el empeño que pone nuestra sociedad, que de muchas maneras sigue siendo puritana, en tratar de eliminar vanamente los olores naturales del cuerpo humano.

A primera vista, la idea de la atracción basada en el olor puede parecer hipotética y efímera, pero cuando, sin saberlo, interfiere en la transmisión de los mensajes olfativos sutiles que operan por debajo del nivel de la consciencia, los resultados pueden ser a la vez concretos y devastadores.

AROMAS Y ESENCIAS A TRAVÉS DE LAS ÉPOCAS

El sistema olfatorio es uno de los sistemas sensoriales más antiguos. En el inicio de la vida del ser humano, este sistema le permitía encontrar el alimento, la búsqueda de la pareja para la procreación, la interacción social con sus con-específicos, la conducta materna. Es decir participa en la conservación del individuo y de la especie.

Cuando el hombre se organizó socialmente, asegurándose la comida diaria y el fuego y al disminuir los peligros comenzó a contemplar cuanto le rodeaba. Entonces la naturaleza reveló placeres nuevos a su vista y a su olfato. ‘Deslumbrado, admiró los colores del mundo bajo el esplendor de la primavera y lo sorprendió el suave perfume de las flores. Soñó conservar ese perfume y quiso aprisionarlo’..

Los orientales descubrieron que la madera, las hojas, las hierbas y las flores, sumergidas en el agua, le cedían sus colores y sus fragancias. Más tarde aprendieron que, si calentaban los productos de origen vegetal, era más fácil extraer de ellos esencias oleaginosas perfumadas y bálsamos curativos. A su vez, chinos, persas, egipcios y árabes hicieron experimentos similares; así comenzó una elaboración que actualmente ha adquirido una notable perfección técnica.

Los aceites esenciales de diferentes plantas han sido usados para propósitos terapéuticos desde hace cientos de años. Chinos, hindúes, egipcios, griegos y romanos usaron los aceites esenciales en cosméticos, perfumes y medicinas. En Mesoamérica eran utilizados los aromas de las flores y algunas plantas en infusiones para baños corporales.

La perfumería evolucionó al mismo tiempo que la civilización. Los antiguos se interesaron sobre todo por las esencias fuertes, como la mirra y el incienso; pero los poetas nos han revelado, que los perfumes conquistaron el favor de los hombres.

La escasez de las primeras esencias perfumadas, el misterio de los métodos empleados para obtenerlas y los ensueños provocados por ciertas plantas aromáticas, contribuyeron a rodear con un halo mágico los orígenes de la perfumería. A causa de esto, al principio los perfumes se emplearon sólo en las ceremonias religiosas, quemándolos en los altares para que los dioses se tornaran propicios.

Plutarco cuenta que en Egipto los sacerdotes ofrecían  a Isis y Osiris aromas diferentes según las horas del día. Al alba quemaban resma, que disipa las brumas del espíritu; al mediodía, mirra para disponer el alma a los placeres corporales.

Empenachado de nubes olorosas, el monstruoso Baal, divinidad principal de los babilonios, caldeos, fenicios y otros pueblos orientales, presidía las ceremonias religiosas y las danzas rituales. El uso de los perfumes sagrados estaba prohibido a los profanos, pero el pueblo disponía de otras esencias como el estoraque y el cinamomo.

En la Biblia encontramos numerosas alusiones al uso de aromas sagrados: Judith se presentó a Holofernes perfumada con esencia de sándalo, lo mismo que Rut cuando fue a ver a Booz. En el éxodo leemos que Moisés aprendió de Jehová la preparación de la unción sagrada con el más puro de los aceites.

Por Herodoto y por Hipócrates sabemos que los griegos conocían la industria de los perfumes. Los ceramistas atenienses del siglo de Pericles (V a.C.) modelaban vasijas para aceites aromáticos. Se creía asimismo que la presencia de los dioses se anunciaba por un olor de ambrosía. En Eurípides, Hipólito invoca así a su protectora: “Oh! Divino soplo perfumado… La diosa Artemisa se aproxima.”

Se relata que Hipócrates preservó a Atenas de la peste haciendo colgar en la ciudad unas almohadillas llenas de flores y hierbas aromáticas y disponiendo que se quemaran maderas olorosas en las calles. De Grecia, el uso de los perfumes llegó a Roma, donde se difundió ampliamente durante el Imperio. Critión, médico de Trajano, enumera en un tratado veinticinco variedades de aceites perfumados empleados en medicina, y Plinio opina que el uso de los perfumes brinda al hombre uno de los placeres más lícitos.

En la Era Cristiana; recordemos a Magdalena lavando los pies de Jesús con preciosas esencias de Chipre y de Palestina mezcladas con sus lágrimas que le agregan una significación sagrada. Pero los Padres de la Iglesia consideraron que los perfumes incitaban a la molicie y censuraron su uso.

La mayor contribución al sistema actual de elaborar perfumes se debe a los árabes que, sin lugar a dudas, fueron los principales investigadores de los métodos de destilación. Las Cruzadas contribuyeron al conocimiento de ciertas teorías y procedimientos prácticos. En Toledo, Montpellier y Salerno, se abrieron centros de estudios donde se perfeccionaron muchísimo los primitivos medios de extracción. Una página importante de la historia de su elaboración se une estrechamente a la historia de Venecia, reina de los mares y del comercio con el Oriente.

Los mercaderes venecianos suministraron a la industria occidental las materias primas que necesitaban: áloe, ruibarbo, ámbar, almizcle, sándalo y alcanfor. En las postrimerías del Renacimiento, la elaboración de perfumes llegó a su máximo desarrollo en toda Italia. Colaboraban en esa industria auténticos sabios y también verdaderos artistas… En Francia, Rabelais dispuso que los perfumistas de la abadía de Téleme suministraran, cada mañana, agua de ángel compuesta con clavos de olor, benjuí, estoraque, canela y lirio para los aposentos de las damas.

El gusto por los perfumes llegó a ser tan inmoderado que un edicto del año 1560 prohibió su uso a los plebeyos. El rey Carlos VIII de Francia y Catalina de Médicis tuvieron su perfumista personal. Los nobles perfumaban sus cabellos, sus vestidos, sus guantes y sus roperos. Un gran señor llegó hasta perfumar los arreos de montar.

En 1750, Juan María Farina estableció en Colonia (Alemania) una fábrica de perfumes, en la cual, con una fórmula y plantas importadas de Italia, elaboró el Acqua Admirabilis, que fue la primer Agua de Colonia.

ALGUNOS DATOS SOBRE LA AROMATERAPIA

El término aromaterapia fue utilizado por primera vez por el químico francés René-Maurice Gattefosé en 1935,  es una terapia de la medicina alternativa y desde un punto de vista científico no se considera parte de la medicina convencional.

Para los años 1950 Margarita Maury, terapeuta de la belleza y bioquímica austriaca, introdujo la idea de utilizar los aceites esenciales en el masaje y establecieron las primeras clínicas de aromaterapia en Bretaña (Francia) y en Suiza. Posteriormente algunos fisioterapeutas, enfermeras, cosmetólogos, masajistas, doctores y otros profesionales de la salud empezaron a utilizar los aceites esenciales como alternativa en vez de antibióticos.

El 19 de mayo de 2012 se inaugura el primer museo en España dedicado al sentido olfativo en la pequeña localidad de Santa Cruz de la Salceda (Burgos).

La memoria asociativa de aromas y situaciones generan el aprovechamiento de los aceites para uso terapéutico, pues la conciencia registra el aroma con la ambientación. Algunos aceites tienen la propiedad de transformar y equilibrar nuestras emociones, reduciendo la ansiedad, la depresión o la fatiga mental. La aromaterapia actúa sobre los planos sutiles por ello ayuda a la meditación, visualizaciones, concentración y a todas aquellas técnicas destinadas a buscar el equilibrio y armonía interior.

‘Solo había una cosa que el perfume no podía hacer. No podía convertirlo en un persona capaz de amar, y ser amado como cualquiera. Al demonio con eso, pensó. Al demonio con el mundo, con el perfume, con él’…  

– El perfume de Patrick Süskind

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