Mitos y verdades sobre la píldora de la inteligencia

“Sentía como un timbre en la cabeza, que no me dejaba dormir, y como un resorte en el cuerpo, que me empujaba a hacer hasta las cosas más aburridas sin cansarme. Y para mí, que me quedaba dormida en el trabajo, eso era una maravilla”…

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Así relata María Alexandra Cantor su experiencia con el modafinilo, una pastilla que los médicos le habían recetado como parte del tratamiento para la apnea del sueño que padece. “Soy abogada y despreciar esa lotería que me había ganado sin comprarla parecía una tontería. Hoy creo que fue un error muy grave”, dice.

Sin proponérselo, ella estaba consumiendo una molécula que entra y sale periódicamente del escenario mediático por sus efectos estimulantes. Su última aparición estelar fue en agosto del 2015, debido a un metaanálisis (análisis de varias investigaciones) hecho por la Escuela Médica de Harvard y dos investigadoras de la Universidad de Oxford, y publicado en European Neuropsychopharmacology. Este demostró que el modafinilo mejoraba la “toma de decisiones, la solución de problemas y la planificación” en sujetos sanos.

Desde entonces, sin más análisis, se avivó la difusión y hasta la promoción de su uso con un remoquete singular y llamativo: la píldora de la inteligencia. Cualidad que, valga decir, no le era del todo ajena a la sustancia en cuestión, desarrollada originalmente en Francia, a finales de los 70, por el profesor Michel Jouvet y los laboratorios Lafon, y que por sus efectos estimulantes fue ofrecida desde 1986 como un tratamiento para la narcolepsia (exceso patológico de sueño). Con esta indicación y como complemento en el manejo de la apnea del sueño, Estados Unidos la aprobó en 1998 y Europa, a principios del 2000.

Pero la cantidad de personas con narcolepsia es tan escasa que el uso del modafinilo derivó hacia muchas que querían permanecer despiertas de manera prolongada. “Su efecto de tipo anfetamínico se difundió, principalmente entre estudiantes, con la idea de que sus efectos negativos eran menores. No hay duda de que en esto fue definitivo el concurso antiético de algunos representantes de la industria farmacéutica”, recuerda el médico farmacólogo Reinel Cárdenas.

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‘Sin límite’

El asunto fue más allá y no tardaron en aparecer decenas de ofertas en línea de este producto, al que le añadieron la supuesta cualidad de ser ‘el más fuerte potenciador cognitivo disponible’. “Todo, de manera tendenciosa, sin enumerar los efectos colaterales y las contraindicaciones, que las tiene y pueden ser muy graves”, agrega Cárdenas.

Y para completar el panorama apareció Sin límites (2011), una película protagonizada por Bradley Cooper que relata el vuelco de un escritor fracasado después de tomar un compuesto llamado NZT-48, que le multiplica el funcionamiento cerebral. Aunque el desenlace no es del todo favorable al mediocre protagonista, algunos interesados no dudaron en relacionar el modafinilo con la cinematográfica píldora.

No hay duda de que el uso de la sustancia ha aumentado. De hecho, así lo demostró un estudio de la Universidad de California en San Francisco, que analizó las recetas de modafinilo y los diagnósticos de pacientes en un periodo de siete años. En este lapso, el número de usuarios pasó de 58.000 a 556.000, lo que demostraría un aumento superior al 80 por ciento en el uso del medicamento en pacientes que no se ajustan al cuadro clínico para el cual se desarrolló el compuesto.

Además, David Claman, director del Centro de Desórdenes del Sueño de la misma universidad, concluyó que la venta del medicamento sin receta creció un 45 por ciento en dos años, según recoge el Journal of the American Medical Association. A la par, se han realizado estudios, de rigor variable, para verificar sus efectos. Y fueron 24 de estas pesquisas, hechas entre 1999 y el 2014, las que analizaron las investigadoras de Oxford, que sacaron el tema de la pantalla y las redes y lo lanzaron al espacio académico, donde el debate apenas empieza.

No es para menos. Según Ruairidh McLennan Battleday, de la Universidad de Oxford, “esta es la primera visión general, desde el 2008, de las acciones del modafinilo en individuos no privados de sueño; hoy, con pruebas cognitivas más complejas, se desprende que (el fármaco) aumenta de forma más fiable la cognición: en particular, las funciones ‘superiores’ del cerebro, basadas en múltiples procesos cognitivos simples”. Una declaración que, avalada por Oxford, ha generado reacciones a favor y en contra en espacios especializados.

Para la muestra está la voz de Guy Goodwin, presidente del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología, que manifiesta que las conclusiones permiten inferir que se está ante “el primer ejemplo real de una droga inteligente, lo que genera un debate ético real que hay que enfrentar”. En este último punto coincide con Anna-Katherine Brem, la otra investigadora responsable del metaanálisis, que asegura que “con cualquier método utilizado para mejorar la cognición, las consideraciones éticas siempre deben ser tomadas en cuenta” antes de cualquier decisión.

En la otra esquina también hay pesos pesados, como John Harris, director del Instituto para la Ciencia, la Innovación y la Ética de la Universidad de Manchester, que le dijo a la BBC: “Si no eras un genio antes, no lo vas a ser después de tomar una píldora. La droga no es capaz de convertir a nadie en Einstein de la noche a la mañana”. Harris va más allá y dice que las ventajas que proporciona no son mayores a las del café, el trabajo y el ejercicio, que también son potenciadores cognitivos.

Otros estudios ponen en duda los citados efectos. Uno de ellos, de mucho rigor, publicado hace un par de años en Journal of Clinical Psychopharmacology, concluyó que los beneficios del modafinilo no dependen claramente de la dosis y son demasiado inconsistentes para considerarlos un potenciador mental. Otro metaanálisis hecho por la Universidad Católica de Chile, y publicado en Memoriza en el 2009, es tajante al afirmar que “con los datos disponibles, no es posible recomendar el modafinilo como potenciador cognitivo en personas sanas, dada la insuficiente evidencia de su eficacia y la posibilidad de efectos adversos”.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) también advierte sobre los potenciales efectos adversos de la publicitada píldora. El nutrido listado incluye jadeos, dificultad para respirar, inflamación en cara, boca y garganta, erupciones, descamación, prurito y ampollas graves en la piel, fiebre, mareo, dolor de cabeza, diarreas y pérdida del apetito. Pero lo que más llama la atención de lo publicado por la Agencia son los efectos negativos sobre la mente. Estos van desde los cambios de humor y la sensación de desasosiego hasta la agresividad, la confusión, los olvidos, la psicosis y las ideas suicidas.

Y fue justo en medio de este repertorio que se encontró la abogada María Alexandra Cantor al descubrir que las largas jornadas y la concentración en el trabajo que le permitían las pastillas de modafinilo empezaron a cobrarle un precio muy alto. “Dejé de comer, empecé a sentirme angustiada, tenía que tomar la pastilla para mantenerme despierta, la gente empezó a verme demacrada, creí que me estaba muriendo y en una ocasión pensé en acabar con mi vida. Tuve que confesarle al médico que las pastillas me estaban derrumbando y empezar un tratamiento con psiquiatría para despegarme de ellas. No fue fácil, pero lo logré”, cuenta.

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‘Es primo de las anfetaminas’

“Hay que ser claros: el modafinilo es un estimulante, casi primo de las anfetaminas y un buen promotor de la vigilia, lo que ha hecho pensar que también puede ser usado en los trastornos de atención. En ese sentido, al mejorar la concentración en las tareas y disminuir la dispersión, puede hacer pensar que esa eficiencia es un mejor nivel cognitivo, y eso es una concepción errada”, subraya Rodrigo Nel Córdoba, presidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina.

Además, el concepto actual de inteligencia es muy amplio e incluye muchos aspectos de la persona que van más allá de la capacidad para enfrentarse a una tarea que necesita concentración, anota Córdoba. “Si no hay un sustrato genético, biológico y ambiental predeterminado que condicione la inteligencia en esos términos, nada externo puede promoverla. No hay maquilladores para la inteligencia”, remata.

Y mientras los científicos se ponen de acuerdo, en el mundo exterior la gente fluctúa entre la opinión de Diego A., un arquitecto que hace estudios de maestría y es consumidor esporádico de anfetaminas, quien manifiesta que sería tonto desechar la posibilidad de “sentirnos activos, productivos y eficientes cuando lo necesitemos”, y la experiencia de Cantor, que con vehemencia dice que el uso de modafinilo es un infierno al que no quiere regresar. “Prefiero mil veces dormirme en cine y trabajar a mi ritmo que hacerlo con un motor prestado”, enfatiza antes de recomendar alejarse de esta droga.

En medio están las voces como la de Bárbara Sahakian, investigadora y profesora de neuropsicología en Cambridge, que aboga por que “las autoridades tengan en cuenta los efectos negativos de los llamados potenciadores cognitivos y tomen medidas urgentes al respecto”. El debate está abierto.

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Seis preguntas sobre el modafinilo

¿Qué es? : Es un estimulante del sistema nervioso con propiedades eugeroicas, es decir, que mantiene a la persona en estado de alerta.

¿Cómo actúa? : El mecanismo de acción exacto aún no se tiene claro. Se sabe que interactúa con varios neurotransmisores. Eleva la histamina en el hipotálamo, modula el transporte de la dopamina, aumenta la norepinefrina en algunas áreas, bloquea la acción de algunas sustancias y vías inhibidoras, y de la combinación de estas y otras acciones se derivan sus efectos.

¿Qué usos médicos tiene?: En Estados Unidos, la FDA lo aprueba solo para el tratamiento de la narcolepsia (exceso patológico de sueño, a veces relacionado con la alternancia de trabajo diurno y nocturno) y como parte del manejo de la apnea del sueño. En algunas partes se usa para contrarrestar otras hipersomnias (excesos de sueño).

¿Es adictivo?: Por actuar sobre la dopamina y los circuitos de recompensa en el cerebro, tiene ese riesgo potencial en poblaciones vulnerables. Sin embargo, el riesgo adictivo es menor que con otros estimulantes (por las acciones sinérgicas en los circuitos de la histamina y de las catecolaminas).

¿Es una sustancia controlada?: Por sus características, fue incluida en el nivel IV de las sustancias controladas en Estados Unidos. Su uso se restringe legalmente a lo aprobado por la FDA y se vende bajo estricta receta médica. En Colombia, el Invima la autoriza para las mismas indicaciones de la FDA. Hace parte de la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Antidopaje.

Efectos adversos: Se han reportado muchos, entre los que se incluyen: dolores de cabeza y de espalda, náuseas, diarreas, mareos, erupciones y ampollas en la piel, fiebre, dificultad para respirar, urticaria, ansiedad, nerviosismo, tendencia suicida y psicosis, entre otros.

Autor: Carlos Francisco Fernández

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