España lidera el abuso de Orfidal y Trankimazin

Danilo González tomó durante varias semanas Rubifen, un medicamento empleado para niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Pero Danilo ni es un niño, ni tiene déficit de atención, ni sufre hiperactividad..

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La necesidad de vivir a tope

“El Rubifen te pone a tope y te sientes más lúcido, es como la cocaína pero menos dañino en general”, explica este treintañero español. Él es una de las cientos de miles de personas que hacen un uso inapropiado de los medicamentos de prescripción en España. Son fármacos como los opioides, los estimulantes y los tranquilizantes, cuyo uso al margen del médico ya es un problema de salud pública en EE UU y empieza a conocerse en la UE.

Según un estudio publicado en la revista especializada BMC Psychiatry, refleja que Reino Unido encabeza el consumo inadecuado de estimulantes, como el Rubifen, cuyo uso suele estar relacionado, tanto con los episodios fiesteros como en un intento de aumentar la concentración para estudiar en época de exámenes. La encuesta realizada  en cinco países europeos a 22.000 personas muestra ahora el alcance del desafío para las autoridades. La mayor proporción de uso inapropiado de opioides aparece en España. Los opioides son analgésicos como el tramadol y la codeína. Su uso inapropiado se puede dar cuando alguien con dolor los consigue a través de un amigo para automedicarse, pero también para su empleo en fiestas. “La codeína y el tramadol son ahora la droga chic en Rusia. Una sobredosis provoca un efecto excitante”, señala uno de los coautores del estudio, José Martínez Raga, psiquiatra del Hospital Doctor Peset de la Universidad de Valencia.

España también lidera el consumo inapropiado de sedantes, como el alprazolam (Trankimazin), el lorazepam (Orfidal), el diazepam (Valium) y el bromazepam (Lexatin). “Algunas personas los mezclan con cocaína o alcohol. Su uso es muy frecuente entre los adictos a la cocaína”, apunta Martínez Raga.  El uso imprudente de fármacos de prescripción se refiere tanto a la automedicación como a su empleo para alcanzar estados de euforia.

Martínez Raga manda un mensaje a las autoridades sanitarias: “En España hay mucha ligereza a la hora de utilizar medicamentos. En las series españolas se habla de tomar Orfidal o Trankimazin como si fueran caramelos. Dentro de las campañas de prevención de las adicciones habría que incluir no solo el tabaco y el alcohol, sino también estos fármacos de prescripción. La adolescencia es una época fundamental. Y aquí vemos que los problemas empiezan de niños”.

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Un país que lo resuelve todo con pastillas

Para levantarse, una pastilla; para acostarse, dos. Si se está triste, otra; si son nervios, unas cuantas más. Y ya, si hay dolor, las que hagan falta. Lo que podría parecer una caricatura es el día a día de muchos españoles.

Algunos especialistas no dudan en que, en España, hay una trivialización del consumo de medicamentos en general, y de los relacionados con problemas mentales en particular. Aunque no es algo exclusivo de las pastillas para los nervios. La automedicación y los botiquines caseros son muestras de esta tendencia a intentar curarlo todo con fármacos.

Los datos del estudio son llamativos, pero tampoco descubren algo insospechado. La última encuesta de consumo de drogas del Ministerio de Sanidad, la Edades de 2013, ya recogía que los hipnosedantes —con o sin receta— eran la cuarta sustancia psicoactiva más consumida por los españoles, solo por detrás del alcohol, el tabaco y el cannabis: un 22% de los encuestados los tomaban.

Pero quizá lo peor de estos datos sea lo que este consumo abusivo tiene de síntoma, de retrato de una población que no tolera el menor contratiempo, que siempre tiene prisa para superar los desengaños, que considera reprobable que alguien se encuentre mal y pida un respiro o ayuda. Aparte de aspectos básicos en la prevención de los consumos, como la educación, y del control de estas sustancias, lo que están diciendo estos datos es que las personas no tienen recursos —ni propios ni, mucho menos, ajenos— para solventar sus problemas diarios. O, lo que sería más importante, que el sistema no está preparado para explicarles y acompañarles en un proceso que, en contra de sus deseos, no es inmediato.

Fuentes: ElPais-BioMedic

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