El tinnitus: qué hacer cuando el silencio te ha abandonado

Confucio decía que el silencio es el único amigo que jamás traiciona, pero parece hay a quienes los abandonó. Hoy hablamos del tinnitus o acúfenos un mal poco conocido, pero que afecta a gran parte de la población de nuestro país…

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Tinnitus o acúfenos es la forma médica de llamar al hecho de «escuchar» ruidos en la cabeza cuando no hay una fuente sonora en realidad. Habitualmente, zumbidos o pitidos.

La mayor parte de los afectados comparan el sonido de pitido con el canal de barras de color y en el caso de los zumbidos, con el ruido blanco de un canal sin señal. Sin embargo, no tiene por qué ser de este tipo y hay personas que experimentan el ruido del mar, viento, el sonido de papeles al arrugarse, motores o notas musicales parecidas a la música en 8bits.

El tinnitus es bastante común, casi todo el mundo los ha sentido alguna vez, por periodos limitados de tiempo y normalmente precedidos a una exposición de volumen alto. Por ejemplo, es frecuente que te piten los oídos después de un concierto. Incluso existe una frase popular que versa: «Están hablando mal de mi porque me pita el oído izquierdo».

Cuando es temporal, el acúfeno se limita a una incomodidad similar a un dolor de cabeza. Sin embargo, imagina un zumbido constante en el oído, las 24 horas del día. Nunca descansa, siempre está ahí. No te deja dormir, concentrarte, llegado un punto olvidas cómo era el silencio e incluso, cuando el pitido es más fuerte que el ruido externo, afecta a la audición. Nadie más puede oírlo ya que no proviene de ninguna fuente externa, pero sobra decir que no se trata de tu imaginación.

Se calcula que el 18% de los australianos tienen acúfenos y aproximadamente 50 millones de estadounidenses. En España, la Asociación de Personas Afectadas por Tinnitus, APAT, afirma que no se sabe el número de personas afectadas por tinnitus en nuestro país con exactitud: «Nunca hemos sabido el número de personas afectadas por tinnitus en España ya que no existen estadísticas de la prevalencia de la afección. Las estadísticas que leemos de otros países, suelen ser muy dispares y podrían no ser válidas como referencia, pero parece que una cifra promedio entre todas ellas está en torno al 10 – 12 % de la población y suponemos que sólo entre el 4 y el 6 % pueden tenerlos invalidantes».

Además, están fuera de las cifras aquellos que no buscan ayuda, que se estima son muchos, debido a que sus tinnitus no son suficientemente intensos como para invalidarles o les ha explicado que, de momento, no hay una solución permita curar los tinnitus y que deben habituarse a ellos, es decir resignarse a convivir con ellos. Por tanto, ya no acuden de nuevo a la medicina en busca de ayuda.

¿Cuales son las posibles causas de los acúfenos?

Las causas de los acúfenos son muchas y muy variadas. La pérdida auditiva asociada es una de las causas más frecuentes pero no es la única. También puede ser causado por la exposición continuada a ruidos (obreros metalúrgicos, militares, personas asiduas a discotecas, músicos, etc.), por situaciones de estrés, fármacos ototóxicos prescritos para otras dolencias que crean o agravan los acúfenos (por ejemplo los derivados del ácido acetilsalicílico), intervenciones quirúrgicas en el oído interno, bruxismo, problemas tiroideos, otitis mal curadas, síndrome de dolor miofascial en músculos cercanos al oído, trastornos en la articulación temporomandibular, etc. Los acúfenos hay que tener en cuenta que no parecen ser ‘per se’ una enfermedad, sino un síntoma de una enfermedad diferente y corrigiendo la patología raíz los pitidos pueden y suelen parar, o no. Pero en todo caso no hay medicamentos que hayan demostrado ser eficaces para tratar el acúfeno en sí mismo. Cualquier tratamiento estará condicionado a la causa.

En cuanto a los efectos colaterales, la APAT dice que «la percepción del tinnitus suele conllevar trastornos de ansiedad, depresión e insomnio. Se habla también de personas que han llegado a quitarse la vida por causa del tinnitus».

Ante el tic-tac de un reloj, el motor de una máquina que hace ruido de noche o una gotera sin arreglar, siempre hay opciones: se puede actuar o convivir con ello. En el caso de los acúfenos no hay otro remedio que aprender a vivir con ello. Y el problema principal, en el plano psicológico, es la tendencia a vivir pendiente de ignorarlos. Cuando algún sonido se mantiene durante mucho tiempo y se produce de manera cíclica, favorece que nos fijemos en él, por no decir, que nos obsesionemos con él. Queremos hacerlo parar, cada vez deseamos más y más que se detenga y esto se retroalimenta porque la ansiedad producida por la impotencia de no poder hacer nada por detener el sonido, los hace sonar más fuerte.

William James Adams, miembro del grupo The Black Eyed Peas: «Ya no sé cómo suena el silencio. La música es lo único que me calma… No puedo estar tranquilo porque entonces noto el zumbido en los oídos. Siempre hay un pitido ahí, todos los días. Como justo ahora mismo».

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Bien, ya sabemos que básicamente el tinnitus es un sonido, que viene directamente de tu cabeza y no lo puedes detener y esto te hace la vida insoportable aunque nadie más lo escuche. ¿Qué puedes hacer? Para dar respuestas a esto, Hipertextual ha contactado a Almudena Cervera Cruañes, logopeda y audioprotesista, con 17 años de experiencia en la profesión, profesora de audioprótesis y directora de su propio centro auditivo.

«Antes de profundizar en los tratamientos hay que detenerse a entender cómo funciona nuestro cerebro y el gran poder que en él tiene la atención: imaginémonos en la cama, toda la casa en silencio y una gota de agua cayendo en el lavabo de nuestro baño, nuestra atención se fija irremediablemente en ese ruido. Lo que al principio era un leve repiqueteo se convierte en un escandaloso golpear y nos vemos obligados a levantarnos.

Pues bien, todos los tratamientos que encontramos, psicológicos, médicos o audioprotésicos, realmente tienen como fin buscar un estado de calma que permita preparar al cerebro para olvidarse del ruido. Muchas veces la obsesión por el acúfeno y la concentración en él hacen que la situación se agrave introduciendo al paciente en un círculo vicioso en el que no concilia el sueño, por lo que no descansa, está nervioso, se fija más en el ruido y así empeora cada día.

Se recetan tranquilizantes como la melatonina y se recomiendan dietas bajas en sal y en cafeína, proporcionamos música relajante con ruidos de fondo parecidos al acúfeno y en algunos casos trabajamos con audífonos equipados con generadores de ruido que nos ayudan a enmascararlo. Y la pregunta es, ¿realmente funciona? Pues a veces sí y a veces no. Desde mi experiencia, como audioprotesista lo veo diariamente, existe un gran abanico de ruidos y encontramos algunos más fáciles de enmascarar que otros. Desde pitidos, aire a presión, moscas, ruido de motor, gente hablando… siempre los pitidos, es decir las frecuencias agudas, serán más incómodos y más difíciles de tapar. Cuando la persona nos habla de zumbidos o ruidos de motor, ya que son más graves, el cerebro es más capaz de olvidarse de ellos y nosotros de enmascararlos».

Sin embargo, a la gran pregunta: ¿se pueda hacer a demás de conformarse con vivir ignorándolos? Almudena nos dice: «Lamentablemente, la respuesta es no. A día de hoy existen muchos casos de acúfenos que no llegan a desaparecer. Se intenta ayudar al paciente a que aprenda a convivir con el ruido, pero eso es todo lo que podemos hacer. El acúfeno sigue siendo un gran misterio, esperemos que en los próximos años se llegue a descubrir el origen real de este incómodo acompañante».

Mario Benedetti dijo: «Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio». Supongo que no contó con la ausencia total de este.

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