Fagos, el virus que nos salvará la vida ante el ocaso de los antibióticos

Tras décadas de abuso de los antibióticos, tanto en el ámbito clínico como en la producción de alimentos, hemos llegado a un momento de crisis. Se han generado tantas bacterias resistentes a los tratamientos antibióticos que están poniendo en jaque nuestra capacidad de pelear contra infecciones bacterianas. Ante este panorama, podríamos estar viviendo el renacimiento de una vieja terapia antimicrobiana cuyo esplendor se remonta a principios del siglo pasado: la fagoterapia…

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Desde el descubrimiento de la penicilina en 1928, se han usado los antibióticos de modo inapropiado y excesivo en hospitales y también en granjas. Esto ha conducido a una situación crítica en la que la eficacia de los antibióticos se ha visto muy reducida. La aparición de cepas resistentes ponen en riesgo el modo en que hemos tratado las infecciones hasta ahora. Es esta situación la que ha vuelto a poner sobre la mesa una terapia utilizada en el siglo pasado y que la llegada de la terapia con antibióticos hizo caer en el olvido: la fagoterapia, o lo que es lo mismo, el tratamiento de infecciones bacterianas mediante bacteriófagos.

El pasado mes de febrero, la OMS publicó una lista de 12 bacterias altamente peligrosas para la salud y ante las que urgía a gobiernos y compañías a desarrollar nuevos antibióticos debido a la falta de resultado en los actualmente utilizados. La resistencia no la generan las personas ni los animales frente a los antibióticos, sino las propias bacterias, que mutan para fortalecerse y burlar la acción de los mismos, sin capacidad de adaptarse a los cambios en estos microorganismos.

Sin embargo, desde hace algunos años existe una línea de investigación que está cobrando forma y que recupera un antiguo tratamiento contra las bacterias basado en virus. Es conocido como terapia fágica, porque recurre a virus bacteriofágicos, descubiertos a principios del siglo XX, que solo infectan a las bacterias para reducirlas y eliminarlas del organismo.

¿Qué es un bacteriófago?

Aunque suene arriesgado, se trata de una terapia segura eligiéndose este tipo de virus, que solo provoca problemas a las bacterias, a las que identifica para acoplarse a ellas e infectarlas.

Los bacteriófagos -también llamados fagos- son virus que infectan exclusivamente a bacterias. Su presencia es ubicua en todo tipo de ambientes y presentan dos fases en su ciclo infeccioso: fase lítica y fase lisogénica. En la primera fase, la bacteria infectada muere por rotura (lisis) al liberarse las nuevas copias virales. En la segunda fase, el fago se mantiene en el interior de la célula a la que infecta durante un tiempo indeterminado, recibiendo el nombre de profago. Una vez que el genoma del fago se inserta en el material genético de la bacteria, el profago se extiende a las siguientes generaciones del huésped con cada replicación celular y al darse las condiciones adecuadas, abandona el estado latente y entra en ciclo lítico, destruyendo a la célula infectada en su salida.

Érase una vez un fago

La fagoterapia es una técnica que dista de ser nueva. Las primeras referencias proceden de principios del siglo XX, cuando Félix D´Herelle acuñó el propio término «bacteriófago» y vislumbró su posible uso contra infecciones bacterianas. Después de años de investigación, este médico franco-canadiense y sus colaboradores trataron a un niño de doce años aquejado de disentería bacteriana aguda con una preparación de fagos (que habían probado en ellos mismos previamente) y el resultado fue positivo: el niño se curó. La fagoterapia entraba en una época dorada; las investigaciones se reproducían por todo el mundo, y uno de los colaboradores de D´Herelle, Giorgi Eliava, fundaba un instituto de investigación de la fagoterapia en Georgia. Este instituto fue referencia mundial durante décadas y la fagoterapia continuó su expansión; se afinaron los métodos de purificación y producción en numerosos institutos como el Pasteur, y algunas farmacéuticas llegaron a comercializar sus propias mezclas de fagos. Esta progresión continuó hasta 1941, año en que empezó a comercializarse la penicilina. Impresionado por el antibiótico descubierto por Fleming, occidente empezó a olvidarse de la fagoterapia, que sin embargo sobrevivió en el Bloque del Este, especialmente en la Unión Soviética, que siguió utilizando durante décadas bacteriófagos como terapia antimicrobiana.

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Resucitando al virus

Actualmente la terapia fágica ha sido resucitada por algunos grupos de investigadores en Reino Unido y en el seno de la Unión Europea. En la Universidad de Oxford, el doctor Alex Betts encabeza una de estas investigaciones, aún en fase de experimentación. Sin embargo, el doctor Betts se muestra firmemente convencido del potencial de estos virus para combatir la disminución en la eficacia de los antibióticos. Mientras que estos últimos no son capaces de adaptarse a la mutación de los microorganismos infecciosos, los virus bacteriófagos pueden mutar tan rápidamente como las bacterias a las que atacan, impidiendo que éstas se salgan con la suya. En un centro de médico de Polonia ya se ha empezado a implementar esta terapia en algunos pacientes con problemas de resistencia a los antibióticos, en forma de terapia experimental ofrecida a casos extremos.

Los científicos, no obstante, están a la espera de los resultados del mayor estudio sobre los virus fagos que se está desarrollando hasta el momento con financiación de la Comisión Europea y conocido como Phagoburn’, puesto en marcha en el año 2013. Los ensayos clínicos todavía no han entrado en una fase de conclusiones definitivas, pero de momento no se han registrado efectos adversos por la inoculación de fagos en humanos.

Otra de las ventajas que presentan estos virus es que pueden combinarse con los antibióticos en terapias contra bacterias, es decir, que el uso de uno no implica el descarte de los otros. Además, los bacteriófagos se encuentran en grandes cantidades en la naturaleza, fundamentalmente en el agua del mar, pero también en el suelo y en la flora intestinal de algunos animales. De confirmarse su efectividad para combatir a las ‘superbacterias’ que esquivan la acción de los antibióticos, los fagos supondrían una importantísima incorporación a los tratamientos de salud, y el freno definitivo a la amenaza de un tiempo en el que las infecciones comunes podrían volver a ser mortales.

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